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© PabloFR_                                    

                                                           
















            Cuando –allá por el siglo pasado- para repasar Geografía ,  nuestro maestro de EGB nos preguntaba ¿Cuáles son los montes más altos de Europa? Los cincuenta niños de mi clase recitábamos al unísono: Montblanc, Monte Rosa Y Cervino en los Alpes…

           Quizás por eso todavía, cuando pongo el pié en alguna de esas cumbres de las que solo conocía su nombre:   Mulhacen, Aneto, Monte Perdido o  el pico del moro Almanzor, hay algo en ellas que me resulta etéreamente  familiar; de alguna manera aún tengo querencia por esos nombres que resultaban tan exóticos y lejanos, así que cuando Ángel en Ordesa me propuso el Monte Rosa para Agosto, no lo dudé y finalmente fue una muy buena elección.

            Si buscas un monte de más de cuatro mil metros, con pocas exigencias técnicas; con un paisaje tan descomunal que despierta tu humildad, donde los horizontes de sus collados reclaman tu curiosidad continuamente, seguro que saldrás satisfecho.


 Monte Rosa.

Punta Gniffeti: (4554 m.)


Arista cimera del Luwingh Ate. Foto Angel.



Cara Sur del Corno Negro, Parrot y Luwing Ate. Foto Jullián

Cronica de: Julián Fernández




         El macizo del Monte Rosa  es el más mastodóntico de todos los Alpes y el segundo  en altura, (a la punta Dufour con sus 4.634 metros, solo la supera en este apartado la cumbre del Mont Blanc).

        Nuestro objetivo era pasar una noche  -dormir es mucho más complicado a esa altura- en la Campanna Margherita  a 4554 metros de altura, el edificio construido a más altura  de Europa,  en la Punta Gnifetti (debe su nombre al párroco de la localidad de Alagna, en la vertiente italiana).

        De este modo la segunda semana de Agosto pusimos el coche rumbo a esa localidad del Piamonte situada al fondo del valle.

         Desde Burgos son 1.476 kms. , y  como salimos al mediodía,  escogimos pasar la noche en un área de servicio de una autopista francesa, donde -como viene siendo nuestra costumbre- plantamos el doble techo de la tienda y pasamos unas horas sin desviarnos de la ruta.

        Así, al mediodía, pasando por el peaje del túnel de Frejus, (recomendable coger billete de ida y vuelta) llegábamos a Alagna Valsesia.

 


            Allí, sin esperar a más, dado que el pronóstico del tiempo no era del todo malo, aparcamos el coche en una zona habilitada al principio del pueblo (es gratis) y –en medio de un fuerte aguacero- tomamos el teleférico con destino al refugio Citta de Vigevano al cual se puede acceder en dicho remonte, aunque nosotros decidimos bajar en una parada intermedia y salvar, por un sendero que bordea las pistas de esquí,  los últimos 700 mts.

             Esta opción parece más recomendable si  tienes tiempo ya que así vamos acostumbrando las piernas después del largo viaje de una manera suave y progresiva.

            El refugio está a 2871 mts.  y cuando fuimos, estaba casi vacío; nos dieron una habitación de 4 plazas para nosotros 2. De modo que estábamos de lujo. Tiene 112 plazas y hay habitaciones colectivas; pero si sois 3 ó 4 personas pedid que os den una habitación de estas. La comida es muy buena: antipasti, pasti y postpasti, y café con pasti, como no podía ser de otra manera en Italia , pero bien. No es barato pero merece la pena. Te harán descuento si estas federado. No hace frio y está bien equipado con mantas por lo que no tienes que llevar el saco o con uno muy ligero sobra.

            Info regugios: www.caivigevano.it  y el correo infocaivigevano@gmail.com

Desde allí, tras un potente desayuno y sin madrugar demasiado comenzamos a subir al refugio Gnifetti.


            No hay pérdida, según sales del Vigevano hay que subir hacia el teléferico, que coincide en este punto con otro que asciende desde la localidad de Greyssoney, y desde allí mismo tomar un sendero que serpentea perpendicular al camino que une ambas estaciones, ya solo tienes que seguirle, está muy bien señalizado e incluso tiene instalada alguna soga en pasos que no son complicados.  Enseguida se llega a punta Indren, donde hay una estación de teleférico, cuando estuvimos había obras y daba la impresión de no estar en funcionamiento (en realidad parecía abandonada).

            Poco después toca ponerse los crampones, que ya no os quitaréis. La aproximación se realiza a través de un glaciar hasta un muro de roca bien equipado con sogas. Nosotros nos confundimos y no tomamos esa ruta desviándonos a nuestra izquierda y acabamos en el refugio citta di Mantova;  el cual nos pareció un buen sitio y una buena opción para emprender la última etapa; si bien se encuentra unos 200 mts.  mas abajo de nuestro destino.

            Una vez pasas la zona rocosa tienes que aproximarte (ya está a la vista) por un glaciar que se atraviesa por una muy marcada huella, fácil pero con precaución, sobre todo si hace viento. Finalmente una escalera metálica, como la de las ferratas, salva los últimos metros.

            El refugio Gnifetti es grande (180 plazas) y está gestionado por el club alpino italiano, a través del cual hicimos las reservas tanto estas, como las de la campanna Margherita. El teléfono es 0039 0163 922805.

            Siendo el punto de partida de numerosas ascensiones, este refugio –a pesar de su tamaño – se suele llenar con buen tiempo y esta masificación resulta incómoda. Nosotros tuvimos mucha suerte, la predicción del tiempo anunciaba tormentas por lo que estuvimos en familia. Nos dieron una habitación muy pequeña. Con dos literas pero para nosotros solos, pedidla si vais solo dos personas. La comida es aceptable, pasta, por supuesto. Equipado con mantas, por lo que el saco sobra.




Punta Doufour, detras de Angel. Foto: Julián.

 



               













Cimas del Corno Nero y del Balmenholrn. Foto Angel.
Punta Gnifetti. Foto Julián.

Últimos metros a la punta Gnifetti. Foto Julián.






























Cima de la Vicent Piramide.







Cordada en el Corno Nero desde la arista del Luwingh Ate. foto Angel.






























Altimetro en la Punta Gnifetti. Foto Angel.















            Una vez en el collado la vista se ensancha y el corazón se agranda, de frente tenemos el Lyskamm, poderoso como una gran ola rompiendo sobre un mar siempre puro, en el medio de esta llanura ondulada la pequeña tachuela del Balmenhorn, siempre a nuestra derecha la pirámide Vicent, detrás el Corno Nero, el Luwinghöte y la sur del Parrotspitze.

            Si tienes suerte y el día está claro, se distinguirán perfectamente contrastadas las huellas que se bifurcan buscando las distintas cumbres. A la Vicent se asciende sin ninguna dificultad; salvo las propias de la altura a la derecha y después de un esfuerzo de unos 350 mts. Llegas a la cumbre, que  -al ser muy ancha- da menos impresión de cima.

            Estando el día claro tendrás unas impresionantes vistas sobre el valle italiano, además de una gran parte del macizo. Si habéis madrugado y el tiempo sigue acompañando es una buena opción subir el Luwingshöte o lo es también la del Corno Nero. Nosotros  nos decidimos por la 1ª ya que desde el collado que da acesso a esta ya se ve claramente la punta Gnifetti así se nos aclaraba un poco más nuestro destino del día siguiente, ya se sabe que vale más una imagen real que 1000 digitales.

            Para ello volvimos desandando nuestros pasos y antes de ir ascendimos la ferrata que hay instalada en la cima del Balmenhorn, por aquello de que está considerada como un cuatro mil, aunque en mi modesta opinión no se trate de una cima independiente, pero, de todas formas  resulta curiosa  ya que además del cristo delle Vette, está construido el vivac Giordiano al que entré por curiosidad y me pareció muy oportuno como último  recurso, pero no como una base para otras metas.

            Desde allí y sin posible perdida por la huella salimos en dirección este hacia Luwinghöte (4324 mts.) llegaremos rápidamente al collado que hay entre este el Lyskamm, donde cogeremos una arista fácil y muy bonita que nos llevará cómodamente al tercer 4.000 del día.



Matterhorn desde el collado de Lys. Foto Julián.

Pasos de via ferrata antes de llegar al refugio Gnifetti.
Glaciar de acceso al refugio gnifetti. Foto Angel.









            Ver amanecer en el collado que da acceso al gran plató donde se encuentran las primeras cumbres de este macizo, con los pulmones abiertos por el esfuerzo y la altura, sudando ligeramente, aún con el frontal innecesariamente encendido, es una sensación grandiosa, inexplicable, de esos sentimientos que equilibran con creces tu  esfuerzo y hacen que vuelvas una y otra vez a buscarla por las montañas, de esas que -para regocijo de los pobres-  sabemos que no se pueden comprar con dinero.

            Nosotros, el primer día de cumbres decidimos ir a lo fácil (tampoco acompañaba el parte meteorológico) y nos propusimos la cumbre de la Vicetnpyramide  (4125 mts.) y si el tiempo acompañaba subir luego le Lugwihghöte (4324  mts.). Solo hay 700  mts. de desnivel hasta la 1ª cumbre, puedes prepararte en la parte de atrás del refugio; al principio del glaciar de Gasletet, por donde ascenderemos.

            Desde allí, debidamente encordados comienza la ascensión siguiendo en todo momento la huella qué, con seguridad ya existirá, con el fin de evitar las posibles grietas.La cara oeste de la Vicentpyramide quedará en todo momento a tu derecha, e irás pasando por debajo de unos amenazantes seracs que aún sabiendo que pueden llevar muchos años así, te hacen pasar sin entretenerte.


















Mont Blanc desde el glaciar de Gastelet. Foto Ángel
Refugio Campanna Margherita. Foto Angel.







Seracs en la Punta Gnifetti. Foto Julián.













































Ferrata antes de llegar a la Punta Gnifetti. Foto Ángel.
Al fondo a la derecah, la cabaña Margerita. Foto Ángel.



















            Como casi siempre, o casi siempre que vamos, acercándose la tarde se meten sin contemplaciones las nubes y difuminan toda la grandiosidad que veíamos, lo cual nos invita a descender a buena marcha hacia el refugio, para evitar complicaciones y disfrutar de una inmediata nostalgia de cumbres, y comentando la jornada con unos compañeros de Tarragona qué, como nosotros, iban a subir también al Gnifetti al día siguiente, esperamos infantilmente ansiosos a que pase la noche para volver a subir.

             Las condiciones de la meteo vuelven a ser las mismas, una ventana de buen tiempo que alcanzará su mejor momento hacia el mediodía y que irá empeorando a medida que pasa la tarde.

            Así que con los frontales puestos emprendimos la misma liturgia del día anterior y hacia las 6 a.m. salimos decididos  a la punta Gnifetti. Nos esperan 900 mts.  de desnivel. El camino hasta el collado que nos llevó al Luwing es el mismo y desde allí ya se ve la campanna Margherita, descendíamos por el camino perfectamente marcado  cuando echando la vista a la izquierda surge primero entre brumas y después nítido y desafiante la montaña más perfecta: El Materhorn,  cuya vista nos acompañará en casi todo el recorrido.

             Hay que ir bordeando un circo sin apenas desnivel, con buena nieve a pesar del mes en que estábamos. Así se llega a la última pala del pico Gnifetti, apenas nos queda un Mencilla, no sé si sabréis pero los montes no se miden en metros sino en Mencillas. Un Mencilla es una unidad de medida que corresponde con un desnivel aproximado de unos 400 mts., sin dificultad técnica, que se asciende en más o menos una hora, y es la 1ª montaña a la que sube un futuro montañero burgalés.       

            Solo nos quedaba,  como digo, un Mencilla, pero ¡Qué últimos metros!. Aquí la altitud reclamó nuestro esfuerzo y para colmo en un momento se preparó una gran tormenta. Dada la cercanía del refugio nos animamos a seguir y –en medio de una fuerte nevada– alcanzamos la ansiada meta.

            El día anterior ya habíamos decidido que no pasaríamos allí la noche, los refugios están muy bien coordinados y desde el Gnifetti te pueden gestionar o anular la reserva en el Margherita, por lo que nos lanzamos hacia abajo lo más rápido que pudimos y poco a poco fuimos dejando atrás la tormenta.  Tuvimos la suerte de que la huella no se borrara, porque  si no quizás habríamos tenido algún problema con la orientación.

            Pasmos una agradable velada de charla con unos asturianos en el refugio y al día siguiente nos fuimos sin ninguna prisa al valle. Una vez allí nos instalamos en el camping de Alagna (buen camping aunque sin alardes) y por la noche nos otorgamos un muy merecido homenaje en un restaurante muy recomendable ( no recuerdo su nombre, pero esta hecho de madera en una calle céntrica) donde con una fiorentina ( lo que viene siendo un chuletón ) y unas birras italianas dimos por concluida esta excursión.

























Praderas alpinas. Pista antes de llegar al refugio Vigevano. Foto: Ángel.


































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